Lamento de un poeta sediento 

Un mal poeta escribe en un barco de papel, se lo lleva la corriente, que más da, nadie se fijaría en él.

Cierto que no soy capaz ya de escribir, perdí la amargura que necesitaba para vivir.

Agobiado necesito estar, vivir en el filo de la navaja, la serenidad y la calma ponen mi tensión baja.

Ahí, en ese punto de agonía, entre la pena y la piedad, en un mundo amargo quiero estar aunque sea una maldad.

Muertas están mis manos, no pueden un lápiz agarrar, un trozo de papel tengo que amarrar.

Flores no quiero ver, risas no quiero escuchar, lúgubre mi lugar para poder expresar.

Mi cuerpo cansado y mi cabeza sin esperanza necesito sentir, lo siento, no tengo otra forma de escribir.

Contemplar la miseria humana, aborrecer su estampa y terminado los versos acudir a un espejo y clavarme una espada.

Sangre en la calle, no es vino en la camisa, crímenes relatar, entonces si puedo volver y atormentar.

Tengo que estar ahí, la felicidad no me deja descubrir nada, buscó razones que me martiricen, a mí la muerte abrazada.

Queco.

2 comentarios sobre “Lamento de un poeta sediento 

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